Nuestra Espiritualidad

San Vicente expresó de una manera muy sencilla en qué consistía nuestra espiritualidad:

“Las Hijas de la Caridad se entregan por entero y en comunidad al servicio de Cristo en los pobres, sus hermanos y hermanas, con un espíritu evangélico de humildad, sencillez y caridad”.
Esta es nuestra manera de vivir:

Entregadas a Dios

Las Hijas de la Caridad encontramos la unidad de nuestra vida en esta finalidad. El servicio a los Pobres es para nosotras la expresión de la entrega total a Dios en la compañía. Además del Voto de Servicio a Cristo en los Pobres nos comprometemos a vivir la consagración bautismal mediante la práctica de los Consejos Evangélicos de Castidad, Pobreza y Obediencia que nos hacen estar disponibles para el fin de la Compañía: El Servicio de Cristo en los Pobres.

En comunidad

Los fundadores vieron en la vida fraterna uno de los apoyos esenciales de nuestra vocación. Esa vida la vivimos en la comunidad donde nos acogemos en la fe, con sencillez de corazón y alegría y rehacemos las fuerzas con miras a la misión. Damos así testimonio de que estamos reunidas en el nombre de Jesucristo.

Para el servicio de Cristo en los pobres

Las Hijas de la Caridad nos esforzamos por contemplar a Cristo en el corazón y en la vida de los pobres. Tenemos la preocupación primordial de darles a conocer a Dios, anunciarles el Evangelio y hacerles presente su Reino.
De Jesucristo aprendemos que no hay miseria alguna que podamos considerar como extraña. Cristo interpela continuamente a la Compañía a través de nuestros hermanos y hermanas que sufren, de los signos de los tiempos, de la Iglesia. Múltiples son las formas de pobreza, múltiples también las formas de servicio.

La compañía es misionera por naturaleza. San Vicente y Santa Luisa, desde los orígenes, nos lanzaron por los caminos del mundo.

Con un espíritu evangélico de humildad, sencillez y caridad

Las virtudes evangélicas de humildad, sencillez y caridad son el camino por el que las Hijas de la Caridad nos dejamos conducir por el Espíritu Santo. Esas disposiciones las contemplamos en Cristo para traducirlas en la propia vida.

Bajo la protección de María

Los fundadores nos inculcaron el amor y la imitación de la Virgen y nos invitaron a contemplar en ella a:

La Inmaculada, totalmente abierta al Espíritu

La Sierva humilde y fiel de los planes del Padre, modelo de los corazones pobres.

La Madre de Dios, madre de misericordia y esperanza de los pequeños, íntimamente unida a su Hijo, a Quien conduce a los que confían en ella.