Joven deportista e integrante de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Auténtico testigo del Evangelio, sembró en el mundo justicia y amor.
Pedro Jorge nació en Turín, Italia, el 6 de abril de 1901 en una familia burguesa, la educación que recibió de sus padres fue bastante severa. Desde muy joven, se mostró muy compasivo hacia los pobres. Después de sus primeros estudios se matriculó en la Universidad pare estudiar Ingeniería de Minas. Trató de rodearse de obreros y se inscribió en el seno de la Federación de universitarios católicos italianos (FUCI).
En 1918, se inscribió en las Conferencias de San Vicente de Paúl, fundada por Federico Ozanam. Pedro Jorge con sus amigos, crea la “Compañía de los tipos inquietantes”, grupo de amigos que, a menudo, van de excursión a la montaña, viven su fe con alegría y practican la caridad en los barrios pobres. La oración y la Eucaristía eran para él el alimento de su fe y la fuerza en su trabajo.
El 29 de junio de 1925, después de una de sus visitas a los pobres, contrae la poliomielitis. El viernes, que es el día de sus visitas a los pobres, Pedro Jorge pide a su hermana que transmita una nota que ha redactado con gran fatiga: pide que se le sustituya en la visita a los pobres a quienes él debía visitar.
El 4 de julio de 1925 muere. Sólo después de su muerte su familia y sus amigos se enteran de sus acciones de caridad y su importante actividad en favor de los pobres. En el momento de sus exequias, millares de personas, entre ellos muchos pobres, en Turín, están presentes durante el trayecto hasta la Iglesia.
En 1983, en el momento de la creación de las Jornadas mundiales de la juventud, el Papa Juan Pablo II cita a Pedro Jorge Frassati como modelo de santidad para la juventud. El 20 de mayo de 1990 es beatificado por el Papa Juan Pablo II que lo señala como el “hombre de las bienaventuranzas”
Oración
Oh, Padre, tú has dado al joven Pier Giorgio Frassati
la dicha de encontrar a Cristo
y de vivir con coherencia su fe
al servicio de los pobres y enfermos;
por su intercesión haz que también nosotros subamos,
como él, por los senderos de las bienaventuranzas evangélicas
y que imitemos su generosidad,
para difundir en la sociedad el espíritu del Evangelio.
Por Cristo, nuestro Señor.
Amén.