Fundador de la Congregación de la Misión y de la compañía de las Hijas de la Caridad. Patrón universal de todas las obras de Caridad.
Vicente de Paul nació el 24 de abril de 1581, de una familia de campesinos, que Vivian en la aldea de Pouy, en las Landas, Francia. Fue bautizado pocos días después de su nacimiento. Su niñez y adolescencia la vivió en el campo dedicado a los trabajos en la granja de sus padres.
Desde muy niño cultivó el amor y la devoción a la Virgen María y al ser un muchacho despierto, sus padres lo enviaron a la ciudad para que pueda seguir la carrera eclesiástica. El 23 de septiembre de 1600 fue ordenado Sacerdote.
Luego de algunos años en su búsqueda de lograr una buena posición que le permita ayudar a sus familiares, descubre la existencia de dos mundos: el de los ricos y de los pobres. Frente a la pobreza tan grande y al abandono en la que se encontraba mucha gente especialmente de los pueblos alejados de la ciudad, Vicente pone en acción algunas organizaciones:
En 1617 funda las Cofradías de la Caridad (Hoy Asociación internacional de las Caridades), Asociación de señoras de la nobleza para organizar la caridad y servir al pobre.
En 1625 funda la Congregación de la Misión, Sacerdotes dedicados totalmente a la evangelización de los pobres.
En 1633 funda la Compañía de las Hijas de la Caridad con la ayuda de Santa Luisa de Marillac, jóvenes cristianas dedicadas a establecer las Cofradías de la Caridad y servir directamente a los más pobres.
San Vicente supo descubrir a Cristo en los pobres, y para remediar toda clase de necesidades movilizó a muchos ricos y pobres, para ayudar directa e indirectamente a los más necesitados.
En la madrugada del 27 de septiembre de 1660, muere en París. El 7 de junio de 1737 es canonizado como Santo. En 1885 es declarado Patrono Universal de todas las Instituciones de Caridad por el Papa León XIII.
Oración
San Vicente de Paúl, apóstol y testigo de la Caridad de Cristo,
alcánzanos amar a Dios, a expensas de nuestros brazos
y con el sudor de nuestras frentes.
Ayúdanos a abandonarnos a su Providencia,
fieles en descubrir su acción
en todos los acontecimientos de nuestra vida.
Sostennos en nuestro deseo de discernir
y cumplir la voluntad de Dios.
Obtennos un corazón tierno y compasivo
con las miserias y sufrimientos de los pobres,
especialmente de los más indefensos.
y abandonados de este mundo,
los preferidos de Dios.
Acompáñanos en nuestro servicio a los hombres
para que, en todas nuestras actividades
de servicio y de evangelización,
seamos personas apasionadas del Evangelio del Amor.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.